Las gotas golpean. El viento aúlla. Quiebra ramas. Árboles abuelos caen. El agua convierte en trampa los agujeros de la calle Jujuy. Los truenos ponen nervioso a Almanzor. Ingresar al villorrio subtropical de noche por ese acceso, cacheteado por el aguacero, es una odisea. Buscan refugio en un galpón abandonado. Él saca el odre de las alforjas y escancia un amable bienbec yocavileño. Beben acariciándose con la mirada. La hermosura de Scheherezade le parpadea en el corazón. Shahriyar toca con la suya su mejilla y le susurra: Zarandean la noche de mis silencios tus relámpagos de besos. Las mil y ochenta y dos noches se despabilan.
El amanecer los sorprende montados en el camello rumbo a la plaza principal, donde siempre han encontrado historias surrealistas. La estatua del sultán sosteniendo con ambas manos una piqueta les llama la atención. "Cuna del vamo por todo, sepultura del patrimonio urbano", leen en la placa. El Provincial, la antigua estación ferroviaria casi en ruinas, parece darle la razón. Se acercan a un hombre trajeado que habla por celular. "¿Podrías decirnos, morador, por dónde debemos ir a la plaza?", interroga la doncella. (molesto por la interrupción) "- ¡Consulte el GPS! - "¿El qué?" - ¿Su camello no lo tiene? - "¿Qué cosa?" - Use su emárfoun entonces. - "¡Oh! - Es un teléfono inteligente..." Un mendigo que está escuchando el diálogo, agrega: "Viene también con el sistema manos libres, ideal para muchos representantes del pueblo. ¿Usted conoce a alguno que viva como la gente común?"
Se suman a una ruidosa comparsa de artistas. "Vamos al Ente Cultural a protestar por el inminente cierre de salas, por la recomposición del presupuesto de la ley provincial del Teatro, su reglamentación y por la aprobación del Instituto Provincial del Teatro", le dijo a Shahriyar una batuqueira.
Al desembocar en la plaza, un escándalo de redoblantes sacude el mediodía. Indignación. Carteles con la foto de "Marita". También de "Paulina". De otras víctimas de la impunidad. Gritan consignas contra el sultán. "Inútiles go home", reza una proclama. "¿Qué sucede, buena mujer?", pregunta Scheherezade a una dama elegante. "- La madre de Marita le ha pedido a Al Rachid la cabeza de algunos de sus inútiles. Asustado por el clamor popular, cepilló al ministro de Seguridad y dijo: 'Voy a estar a la par de ella apoyándola en todo lo que haga falta, no como muchos medios dijeron, que era para usarla políticamente... Haré todo lo que me pida...' - (interviene un médico) ¿Hará también todo lo que le pida el padre de Paulina? Hace seis años que la investigación del crimen está parada... era su Policía la que debía hallar a los culpables... además el papá era funcionario de su gobierno o sea que con mayor razón se debería haber ocupado del esclarecimiento. ¿Habrá interés en que el crimen quede impune? - (un estudiante acota) El sultán tiene miedo de que todo el poder acumulado se le caiga a pedazos o que la emperatriz descubra su otro rostro..." Una jubilada se acomoda el rodete y dice: "¿Y si le pedimos a la mamá de "Marita" que le ordene que nos pague el 82% móvil o que él y sus Decididos vivan tres meses cobrando $1.925? - (un abuelo se entusiasma) Es una gran luchadora, ¿y si le pedimos que sea nuestra candidata?"
En el parque 9 de Julio, el camello sacia su sed, mientras la doncella y el rey despanzurran con fruición sendos achilatas. "Autos, robots, teléfonos, edificios inteligentes...", dice Scheherezade. Shahriyar medita un instante y apunta: "Tal vez se inventan para gente que no lo es. Quizás, algún día, reemplacen definitivamente a los gobernantes, que terminarán sintiendo la insoportable inutilidad de ser, ¿que no?"